HOY: 2009-06-09
Continuaba caminando por el mismo sendero de siempre, era la misma rutina para llegar a algún lugar en realidad. Pusilánime, ya no era la palabra correcta con la que describiría mi partida, aunque siempre me tomaba unos minutos antes de empezar a mandar los pies uno tras otro.
Como era de costumbre a medio camino, cuando el desencanto de mi alrededor se pegaba a las venas, decidía prender un tabaco, la misma marca de siempre, el mismo sabor y olor fuerte que aunque hiciera lo que hiciera se impregnaba en la indumentaria. Solo que esta vez me senté a ver el paisaje, como si estuviera haciendo tiempo, para nada en realidad, solo miraba sin mirar lo que en frente mío se levantaba y dejaba que las manecillas dieran tantas vueltas como quisieran sin que se claven en la piel helada que la mañana provocaba.
Un conjunto de casas de tonos parecidos, era lo que primero veía, eran casi blancas, con tejados algo rotos por el tiempo, aves que iban y venían como el viento que me susurraba al oído, pero ahora yo no oía ninguno de sus cuentos.
Exactamente donde esas casas fueron construidas se alargaba La Ríos, una calle bastante estrecha donde hasta un bus pasaba dirección a un colegio de curas, que quedaba a unas cuadras de donde yo me había sentado. Recuerdo haber caminado por aquella calle unas cuantas veces hasta aquel colegio tan solo para visitar a alguien, y sonreír viendo su rostro.
Yo seguía sumergiéndome en los recuerdos, estaba sentada ahí y no estaba, porque volaba con mi mente, y volvía, hasta que vi un cuanto numero de personas que subían, iban, venían, bajaban y algunos alzaban a verme, era algo incomodo, pero soportable.
Desde donde me localizaba tenia una plena vista de dos montañas, las clases de estudios sociales no me ayudaron mucho en la primaria, sino sabría sus nombres. Pero bueno el punto es que se veían, mas grandes de lo normal, o yo había encogido, y seguía viendo la gente pasar, los carros con su ruido, la montaña, las casas, las aves, los recuerdos en mi mente que se cortaban de vez en cuando, talvez por no ser de mucha importancia.
De pronto me sentí en un lugar muerto, todos parecían marionetas, mas pálidos que la arena que mi piel mismo, con rostros sin expresión, andaban en las mismas que yo, con algún destino programado, pero sin la sonrisa con la que haces lo que te gusta, y me sorprendió ver que en lo mismo había caído una niña, vi subir unos cuantos niños a un colegio que desconozco, igual de juguetones, como es de costumbre, pero esta niña iba a donde yo iba, a mi colegio, yo iba con la misma expresión que el resto pero talvez era por nostalgia, o porque no dormí lo “suficiente”, pero aquella nena tenia la mirada pegada al piso, caminaba como si la vida le pesara mas que a mi, los hombros caídos, la cabeza inclinada hacia el piso, el desgano a cuestas, trepado en su frágil espalda.
Mi tabaco se acabo mientras la veía pasar, iba acompañada de una señora, que cargaba su mochila y la espera a que la alcance porque por cada paso que la niña daba ella daba 3, era como si sus pies estuvieran pegados al suelo, como si existiera mas fango que el de diario mirar.
La verdad solo viene a mi cabeza la misma pregunta una y otra vez, ¿que es este lugar, donde cada vez se hace mas normal, y es mas común ver caras como aquella, de marionetas con desencanto, en niños que aun ni saben lo q es este?, no tengo muchos años de existencia, y me he sumado a esta masa sin forma, a este mundo, acrópolis que en realidad se ha vuelto necrópolis.
EL VIERNES: 2009-06-05
Como era de costumbre, todo viernes era salida en la noche, con los panas del barrio a beber un poco, mientras se hablaba y reía de todo, solo que esta era la última vez que uno de nosotros estaba aquí. Las despedidas son feas, pero a veces necesarias, es lo único que podría decir ahora, aquel muchacho había decidido ir con su familia, a su tierra, ya mucho mal le había hecho vivir solo, a pesar de todo era fuerte o eso quiso aparentar, mostrar a todo el grupo de imberbes, que era posible vivir solo, aunque ahora se rendía y marchaba con su familia a vivir mejor.
Si claro, vivir solo, suena bien, pero eso hizo que a la vez que en algo madurara, (buscara trabajo para sobrevivir, se pagara un cuarto donde dormir, y el tener aunque sea un poco de pan para comer) que se sintiera cada vez mas solo, como si en el rompecabezas que la vida pinta ser, le quedara siempre un espacio vacio, el de una ficha perdida, que el lo llenaba, malamente talvez, con los vicios, drogas, alcohol, tabaco, y hasta sexo promiscuo, pero al fin y al cabo vivir al descontrol, sin pensar en hacer siempre lo correcto había hecho que se divierta mas, según lo que el alguna vez me comentaba. Una buena vida, exprimiéndole todo lo posible y a la vez, irónicamente, tratando de que sea lo más decente que pudiera.
Él había vivido un tiempo en otro país, de igual forma se pasaban sus días, entre el trabajo, el cuarto y las drogas. Y ahí tenía otro vacio, no estaba ni con su familia, ni con sus amigos, solo tenia a los vicios. Ahora se va con su familia, y contaba que su nuevo vacio serían los panas: ¿Cómo piensa llenar ahora aquel vacio? Si está ahora con su madre, difícilmente, aunque talvez se de de sabido y continúe con la misma medicina de siempre, de forma descarada.
La verdad donde quiera que se este, todos vamos a tener un vacio, y todos tratamos de llenarlo, algunos con métodos mas eficaces que otros, algunos con formas mas “sanas” que otros, otros solo ocultan el hoyo, y caminan sin rumbo. Pero siempre este existe, no importa que tan grande ni como se de, pero existe.
Surge la idea de pensar en todo, en a todo buscarle su porque, pero mientras mas se sabe en este mundo mas infeliz se es. Menos te asombra lo que la vida te presenta en su bandeja rota. Y bebes del mismo desencanto de siempre, con el desconsuelo aferrado a la piel gélida. La misma copa rota, desgastada, vieja, fúnebre, de donde todos bebemos el “agua santa”.
El problema radica en como cínicamente la gente te tacha, te señala con los dedos, por querer llenar aquel hueco creciente, como si ellos nunca hubiesen caído en lo mismo, son tan mentirosos hasta consigo mismos que se dan el lujo de criticar el acto de los demás.
La verdad todos en algún momento somos fugitivos de la vida, buscamos como tapar todo, ocultarlo bajo la alfombra, como cuando los niños juegan o temen mostrar algo hecho. Escondemos, nos escondemos de los demás.
Todos al parecer fuimos cortados con la misma tijera, para muchas cosas, pero pocos son los que arriesgan todo por salir de lo común, lo habitual.
Todos caminan con los mismos pasos, la mayoría ciegos. Y una gran masa se rinde, sin ni siquiera intentar luchar. Por eso todos ahora caminan igual, sin disfrutar lo que a su seno venga y se quedan en simplemente contemplar, a recordar con melancolía sus “tiempos mozos”, donde hacían lo mismo que yo hago a mi edad. Mientras tanto otros pocos se sientan a jugar como los niños que aun no se van, con el riesgo de perderlo todo, pero aun así con la idea de disfrutar.
¿Que resulta mejor, sentarse a contemplar amargamente y hacer la vida tan cotidiana que se vuelven inertes, o jugar como los niños, aunque se vaya a perder todo? Aunque se pueda volver a comenzar…
¿Que resulta mejor ser como todos los demás O buscar el toque que le cambie el color?
¿Ser pesimista, realista, altruista, fantasioso-idealista?
¿Fatuo o real?
¿Acrópolis o necrópolis?
No pretendo ser optimista, pero hay cosas que a cualquiera le enferma, no pretendo cambiar a alguien ni motivarlo a la felicidad. De todas formas, queda en claro que el presente es eterno, y cada quien ve como lo deja pasar, aunque la humanidad tiende a dejarse morir en vida y mienta a cada instante de cómo es que camina.
Lissette
2009-06-09

q bueno q no estamos tan dormidas.. m gusto tu ensayo lis..
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