Lietzsche

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martes, 3 de agosto de 2010

OTOÑO DECADENTE


Cuanta máscara fúnebre cubría el rostro desgastado y la mirada herida…

Estando siempre aferrado al pensamiento de la inexistencia de la felicidad, más q como una palabra, haciendo que hasta el respirar se torne en obligación….

Cuantas lagrimas escondidas, cuantas veces el corazón se agujereo hondamente y nunca sanó…. Solo se lacró…

Cavar tumba a todos los males no era suficiente, mucho menos la idea de enterrarlos para q no surjan nuevamente a aquejar con sus lamentos

Y cuanto afán por describir con las manos, y a voz de las palabras todo lo q estas nunca podrán…

Cuantas veces el tiempo no fue tiempo… y cuantas veces este se estancó para parecer casi eternamente el mismo suplicio cotidiano.

Cuanto lastre para llevar a cuestas… cuanta mala cara e hipocresías propias… cuanta fúnebre máscara…

Cuantas hojas caídas y tinta derramada… cuantas palabras desperdiciadas para no decir nada aparentemente cierto…

Cuantas veces tocar el suelo con los labios y decir q era tibio.. Cuando en realidad solo traía helados recuerdos… y tortuosas preguntas….

Cuantos mentirosos: “no pasa nada”…. Y sonrisas de raíz tramoyista… acompañadas de quiméricos: “te quiero”…

Pero ahora el otoño decadente con el que colgué toda mi vida, desapareció, por la sinergia de la misma…

Y nuevas palabras hirientes pero ahora absolutamente indiscutibles e irónicamente infalibles, con las q alguien hurgó las heridas… y me enseñó a hacerlo… para sanar… y no decir q el suelo era tibio y q el tártaro iba conmigo…

Lietzsche
03-08-2010

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