Lietzsche

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sábado, 24 de marzo de 2012

al gato

Siempre me mostré algo reacia, ante cosas como estas, aparentando dureza o insensibilidad, aun cuando sabia que el rato que realmente estuviera cerca me caería en soledad…
Nunca había pensado escribir para mi abuelo y menos de esta forma... ahora que ya es algo tarde, que su vida no es más que un tenue suspiro y sollozos incómodos… ahora que su sonrisa se ciñe muy de vez en cuando a espasmos que parecen decir: aun sigo aquí, adentro, atrapado en algún lugar de este cuerpo inmóvil, postrado.
Y me hacen recordar las veces que siendo niña, lo abracé fuertemente entre risas. Las que con mis payasadas arrancaba de su cálido rostro… carcajadas que hacían temblar la casa...
Y esos ojos gatos que te decían haber vivido mucho, haber visto demasiado y haber callado otro tanto. Esos ojos que cuando se enojaba parecían tener vida propia y se hacían punzantes, como fuego crepitando con violencia innata.
Extraño su antiguo aroma, su fuerza protectora de mis demonios y los carajos asustados por travesuras nuestras. Las tablas de multiplicar y las largas noches a su lado aprendiéndolas bajo su tutela. Las tardes calmas y melancólicas con boleros voceados por su ronca y afinada voz de cantante y sus libros de ángeles, que llenaron la casa de olores dulces a azahares.
Solo se, “que hay cosas que es mejor no entender”. La vida siempre tendrá su siclo normal, imposible de detener, interferir o intervenir a nuestro gusto, pero aun sabiéndolo nadie y menos yo, somos capaces de aceptarlo cuando está tan cerca, que parece que nos quiere cortar el hilo delgado que nos sujeta al mundo, a nuestra realidad.
No recuerdo haberle dicho cuanto lo amaba y no sé si aun en su interior me escuche y sepa que soy yo quien se lo dice… al menos nunca nos enojamos… y la pasamos bien juntos. Estos son los momentos en los que uno hubiese querido que el tiempo no pasara… que cronos se haya quedado dormido… pero entonces no le debería tanto a mi abuelo, por la persona en que me convirtió… por gran parte de la persona que ahora soy.
Solo espero que todos esos entes, que llevo viendo un buen rato en la penumbra de mi casa, sean todos los ángeles a los que mi abuelo rezaba, que vienen a por él para que descanse tranquilamente en la eternidad…
Dicen que uno no muere, lo que muere es el cuerpo, el contenedor, no la esencia.
Hoy ya cumple 75 años… y ya no le queda mucho… a veces es mejor no entender porque a personas tan buenas también les pasa cosas como estas, enfermedades que desgarran la vida con solo soplar un poco…
Hoy al salir, leí en una tarjeta de un arreglo floral en el centro de mi mesa: “a veces dios no es justo”… así pareciera muchas veces… espero hoy verlo sonríe nuevamente… como no ha pasado en muchos años hoy la casa está llena para festejarle a mi cabecita de chispas de nieve.

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